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Mostrando las entradas de febrero, 2020

Solitario

No me cabe la menor duda que quien inventó el Solitario , lo hizo para los solitarios. El archifamoso juego no es más que un arreglo de cartas en un triángulo partido a la mitad, invertido y ordenado en escalera en orden creciente, con siete cartas descubiertas en la que sería la hipotenusa, por una base vertical de siete, donde seis están encubiertas, y donde éstas van disminuyendo hacia la punta, atrás de las otras seis descubiertas, a cinco, a cuatro, a tres, a dos y por último a una escondida; lo que da un total de veintiún cartas de las cuales se desconoce su color y su forma. Por otro lado, en la esquina superior izquierda tiene usted una pila de veinticuatro cartas no visibles, ese es el mazo, que con un suave click le va dejando ver una tras otra; que, si no le sirven para el propósito del juego, se devuelven en automático a la cola de la pila (Bueno... también pueden aparecer de tres en tres, pero eso es a gusto del que juega). Luego entonces, se tienen 7 cartas descu

Salgo a rodar

Salgo a rodar con una bola de desconocidos. Es sábado por la mañana; la cita es en la Suzuki Pro-Shop de Patriotismo. 7:40 ya estoy ahí con los neumáticos de mi S40 a 29 psi en la delantera y a 36 psi en la trasera, con tanque lleno. Antes de partir, y después de comprarme un par de guantes, porque el derecho lo perdí la última vez que fui a dar una vuelta a Cuernavaca, nos congregan en la sala de ventas para darnos instrucciones. Saldremos por la lateral de Viaducto para dar vuelta en U hasta llegar a la salida a Puebla donde después de muchos recovecos que sólo los monitores entienden, tomaremos la carretera federal, luego la autopista para llegar a desayunar a “Cochinitos”. Nos piden que obedezcamos las instrucciones y que llevemos las motos con las luces encendidas. Es mi primera rodada en grupo, aunque yo prefiero rodar solo como piedra en bajada: Me gusta así, porque así me paro donde me place y rento un cuarto de hotel “Equis” donde me agarra la noche. Pero no, esta vez

Un primer diálogo

Un primer dialogo Amigo del escritor. — ¡Pero Cabrón! Por qué chingados te empeñas en seguir escribiendo. Si nadie te lee. Si a nadie le importa un carajo lo que escribes. Qué no sabes que escribir es un arte para semidioses. ¿O acaso tú crees que Camus, Sartre, Dostoyevski o Dostoevski, como sea, eran simples mortales? Ni madres. Fueron paridos por vírgenes fecundadas por ángeles escribanos. ¿Y tú pretendes igualarte a ellos? Me causas hilaridad y me das lastima. ¿Crees que puedes poner palabras unas tras otras como Borges, como Proust, como Yourcenar; ya de menos como Murakami o como Kazuo Ishiguro? Pues, no. No. Iluso, sigue tratando a sabiendas que ese arte te está vedado, porque escribir tiene que tener una dimensión tal que haga que el lector olvide cómo llegó a meterse a esa historia y a qué hora comenzó con la primera página. ¿O acaso tú crees que a pesar de todo el empeño y enjundia que le pone Murakami a sus libros, a