Niña mujer... ¿O mujer niña?
Porque a tus veintiocho no eres más que una niña mujer o una mujer niña ; adulta a fuerzas, porque el hombre que tú amabas o amaste, desapareció un día, dejándote tres lindas niñas de seis, ocho y diez . ¡Ah, maldito canalla desalmado! Se fue a vivir otra vida, a engañar a otra, olvidándose de ti y de sus y de tus niñas; y te dejó la responsabilidad de ver qué comían, de qué vivían, qué vestían, y dónde dormían ; y de todo tú te hiciste responsable y también de tu mamá que las cuida mientras trabajas, sin huir ni escapar de esa tarea y afrontarla cada día, con ánimo, sin desesperanza y siempre echada para adelante. Y no te importa que el trabajo te quede a una hora cuarenta de trayecto, de ida y otro tanto de vuelta, entre camiones, peseros y pasos acelerados para no llegar tarde; trabajando 24 x 24 que a veces se vuelven 48 o hasta 72 horas corridas, haciendo tres turnos, porque el compañero se enfermó y porque tú necesitas la chamba, si no en la casa qué ...

