Carta a Karla VIII... Y última
Querida y Amada Karla Al final, te tuviste que ir, y yo me quedé triste, con una tristeza, de esas que no tienen definición; porque era una mezcla de vacío, de perdida y de ausencia, de falta de algo, de algo muy importante que no pude contener entre mis manos o en mi corazón. Y esa sensación no me dejó llorar de momento, de modo que ese día y el siguiente anduve como ido, como si todo me pareciera irreal e inasible: el picaporte de la puerta, las sábanas de la cama, el piso de la sala, el agua de la regadera, el texto de la novela que leía, todo, todo se tornó etéreo, nebuloso; y mis pisadas por la calle también. Mi vista confundía las hojas de árboles con flores, la tierra con pasto, y me fui cargando un hueco por dentro, un vacío que se agrandaba conforme pasaban las horas, hasta que al siguiente día me desperté y me sentí totalmente hueco, por lo que estallé en sollozos, incontenibles y profundos. Entonces me di cuenta de la magnitud de lo que había perdido, y mi llanto fue la ...