Un hermoso largo cuento erótico
¿Debería yo contar los detalles de lo que pasó entre Karla y yo; no una, sino cientos de veces? Pues no; pero si no lo escribiera y no hubiera ningún lector que se tropezara con estas letras, entonces esas escenas de cuando ella y yo hacíamos el amor se desvanecerían irremediablemente en el olvido. Escenas de las que yo fui el único que las presenció. Sí, Karla también; pero su ángulo de visión fue diferente al mío y no las percibió de la misma manera que yo. ¿Fue amor, fue cariño o fue sólo sexo? Esa es la pregunta que nos hacemos todos cuando una relación tan íntima, tan frecuente y tan estrecha se termina. ¿Cómo decirlo? ¿Dónde termina el cariño y empieza el amor, cómo es que la ternura los va amalgamando, o en qué parte entra el sexo y supera a todos los sentidos y a todos los sentimientos? Y no me refiero al sexo como el acto de una repetición desenfrenada de avasallamiento de un cuerpo contra otro; no, porque eso no es amor; y sí también se da, pero no es lo que hace que te quede...