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Mostrando las entradas de marzo, 2022

Every time

Every time I write in a language that is not mine, I get too excited, as if I’d be in the last minute to board a vintage plane which will take to a far and unknown place. My head shakes and the pen on my hand wobbles afraid to write down sacred or evil words. In that moment I close my eyes and I get transported by a strange magnetic force. When I opened them again, I am not seated in my desk. I am in a jungle or in a crowded city with neon signs I cannot read. But they do not frighten me, neither the inhabitants of such a faraway land, be natives or people wearing ties and suits most of them dark. The best way to camouflage myself is to start doing what I see, and if it happens that they speak a language I understand at least a bit, then I start to talk and to smile. Soon I get into a store and I buy clothes as the ones they wear and shoes and sandals as the ones they have, to become one of them. Then I disappear in the middle of that jungle of green or in a long tunnel of

Todos dicen

Todos dicen que me estoy volviendo loco... Creo que han llegado a esa conclusión porque me han visto –pasada la medianoche–, declamando poemas en las ventanas. Aclaro que siempre son de colonias diferentes y que no son todas. Sólo lo hago en aquellas con un arreglo de corazones de hierro o en las que tienen una manita de león en la puerta de su entrada. Los declamo en voz alta, pero marcando con la entonación los sentimientos más puros del poeta que los ha escrito –que soy yo, aunque nadie lo sepa. Los lunes me da por recitar poemas de miseria, los martes los que tienen que ver con la fauna o la flora, así sean perros, arañas, pájaros, hojas, barañas u hormigas. Los miércoles los dejo para los poemas de pasión y de lujuria; cuando termino, me quedo esperando a que el que los escuche los satisfaga, porque yo, definitivamente, ya no puedo. Sé que a veces lo que hablo no tiene sentido, como si tratara de explicar cómo llegar a la Antártida, pero la descripción indica como adentrarse en Ma

¿Sabías?

¿Sabías que no hay futuro en ninguna vida? No lo hay. Ni en la tuya ni en la mía. Lo que existe es sólo continuidad. La misma que se traduce en el día de mañana. Y si éste es mejor, igual o peor que la de hoy, es algo que tú decides cuando te vas a la cama y cuando pones el primer pie en el piso al despertar del alba. De modo que en cada respiro, en cada paso, en cada gota de agua que te cae cuando te bañas, en cada suspiro, en cada movimiento de tus brazos, en cada palabra que dices, en cada idea que piensas y en cada hilito de sudor que te recorre, construyes tu propia felicidad; que si la administras bien, la alargas; y si no, la acortas o la conviertes en indiferencia hacia la vida, en desdén, en tristeza o en rencor y odio. Por eso no cuentes los días ni esperes éxitos y alegrías sonadas de un mañana que no existe. Sólo tienes el hoy, y ni siquiera eso. Sólo tienes este instante y este cuerpo que te acompaña. También tienes tu inteligencia y todo lo que has aprendido hasta est