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Mostrando las entradas de 2021

¿Y si te borro este fin de año?

Ahora que se vino el fin de año con su renovación en la cuenta de los días, y que yo me quedé en casa, igual, a limpiar el clóset de objetos in-usados, la bodega de almacenamiento de chácharas de años, mi cajonera de ropas pasadas de moda, mi revistero de magazines ya leídas, mi librero, atestado de libros a los que les di una segunda esperanza... Y al final, ya en las horas de ocio, cuando me puse a revisar el directorio de la compu para eliminar datos de empresas que desaparecieron, de amigos que cambiaron de trabajo, fue que me encontré — como si de verdad no los hubiera olvidado del todo— tus datos personales. Recordé las muchas veces en que te llamé y las pocas en las que tú lo hiciste. Fue entonces que hice un balance de las tantas que marqué con desesperación tu número, de las que me quedé esperando una llamada, de los e-mails enviados y perdidos en la maraña de la red. Entonces, se me vinieron a la mente todas las citas canceladas, las horas que esperé en vano que llegara

¿Por qué estás triste, escritor?

  Amigo del escritor. — Oye, escritor... ¿Pero por qué estás tan triste? Si ya sabías que lo que se rompe, cuando se pega; aunque quieras, ya no queda igual. Que no te dijeron que ni el Pritt ni la Cola Loca hacen uniones perfectas... Y que está en la voluntad del dueño del objeto, recibir y aceptar la pieza rota; y hasta olvidar que una vez estuvo completa, pensar que es la misma que una vez tuvo nueva; que esa pequeña marca que dejó la juntura es mínima, que si se quiere, ni se ve, ni se nota… Escritor. —Pues sí, Amigo, mi querido amigo. Yo creí que aunque escogí el pegamento más caro y fino, que aunque me pasé incontables horas pegando con cuidado las dos o tres piezas en que se rompió la pieza, puliéndolas, pintando con un pequeño pincel los dibujos interrumpidos... Quizás no se daría cuenta y que la aceptaría. Pensé que iba a decir: ...!Ah¡ Se rompió. No importa. Mira, y casi ni se nota. No te preocupes. Verá

La Noche

Me agarra la noche estudiando un idioma que no es mío. Es entonces cuando me pongo a imaginar un dialogo con mi musa, la que sé que en algún lugar existe.   Yo:    — Encontrar que la noche no es más que un pretexto para esconderme, para estar solo. Ella:   — Si...   ¿Por qué será que la noche es una cueva donde uno extraña? Yo:   — Uno extraña y recuerda...   ¡Ahhh! La noche... La que nos transforma y nos envuelve en su manto oscuro, en que todo es posible y todo está permitido. ¿Cuántas, ya, han pasado? Ella:   — Wow... Muchas, muchas. Si pudiera hacer un recuento de las que siempre recuerdo. Aquellas de gozo, las malas, las noches en que no dormí nada, las que pedí que no acabaran, las muy largas...   ¿Y usted, cuántas? Yo:   —Usted...   Suspiro y pienso. << No reconocerme cuando alguien me habla de “Usted”. Preguntarme si soy yo, ése, a quien ella se refiere>>.   — Luego respondo: Cuántas noches sin pegar los ojos.   Las he amado y las he odiado. Las más de las

A una Amiga, en su cumpleaños

  Ahora que has cumplido veintisiete… Yo quisiera decirte algo  Qué dulce y apasionante debe ser, ser mujer a los veintisiete. Y no debió haber sido antes, porque a los veintiséis te faltaban caminos por andar, lagrimas por llorar y decepciones por padecer. A los veintiocho tampoco, porque para entonces ya debió ser demasiado tarde.  Aunque desde antes te podía hablar de cualquier tema…  Hoy lo puedo hacer con cualquier combinación de palabras, ya sin temor a que te molestes, a que me malinterpretes.   Ahora que ya has probado las alegrías y las depresiones que llegan con la soledad, y que a ella le has agradecido las lágrimas que sólo conoce tu almohada.     Ahora que has buscado salidas en puertas que estaban cerradas con llave y que no te ha quedado más remedio que pedirle consuelo a tus pasos.      Ahora que ya has descubierto el sabor de las palabras y que te has aventurado a escribir las propias para que otros las lean.      Ahora que ya nada está vedado y todo está permitido —pe