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Mostrando las entradas de octubre, 2021

Porque amar y querer no es igual

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Mientras escucho “What a wonderful world” de Louis Armstrong recuerdo que te quise, que te quise tanto que tu recuerdo me lo encontraba hasta en la sopa, y también en las arrugas de la almohada; y ni qué decir de las cosas obvias que realmente lo gritaban al encontrármelas en los lugares más insospechados de la casa. No sé, tu lipstick, el de un rojo tenue, encondido en lo más hondo de un cajón, una de tus pantis negras que se quedó debajo de la cama, o tus cabellos que en un cepillo se amarraron, como si fuera algo de ti que en mi baño pretendió quedarse. Te quise tanto y a lo mucho, que me fue casi imposible irme desprendiendo de tus recuerdos; porque no es verdad que un clavo saca a otro clavo, sino que lo clava más; porque no es verdad que el tiempo cura todos los males, sino los agrava. Pero poco a poco de forma paulatina tus recuerdos se fueron desvaneciendo, como si los fuera borrando con una vieja goma, de esas que no se gastan de tanto borrar. Y no digo que te amé, porque tamb

Petición a un escritor

Supongamos que un día me dices: “Escribe un poema de amor. Pero que sea un poema de amor... a mi gato”. ¡Caray! Reconozco que es una petición un tanto extraña, pero acepto. Entonces me acuerdo de todos esos bonitos felinos que me ronronearon en la oreja, que con sus rasposas lenguas lamieron mis mejillas y que se arrepegaron a mis piernas, de los cariñosos que me acompañaron a la hora de la cena, los que durmieron conmigo... Y así, así, así. Y cuando menos lo pienses, en media, en una hora, en dos. ¡Zas! Ya está listo. Bueno, bonito y sentido. Pero digamos que en lugar de pedirme un poema, quieres que escriba un libro que capture lo sabores y las esencias de la comida de Indonesia. ¿De Indonesia? Te pregunto. Y tú me respondes: “¿Por qué no? Si es exótica y sabrosa... El libro debe ser interesante”. Entonces, agarro un avión, luego una barca y me voy a cualquiera de las diecisiete mil islas de ese país azul y verde. Me meto en casas humildes y me siento cuaderno en mano a ver

Cada vez... (De antemano pido disculpas)

Cada vez que vengo a escribir a este teclado me digo: <<Esta vez a mis amigos les echaré una perorata larga >>. Vendré a decirles que no le crean a lo que saca la tele, que los muertos son de palo y las calamidades son arreglos para vender en los intermedios cereales. Que sí es cierto que hay extraterrestres entre nosotros, pero que la mayoría son inofensivos. Que los humanos son los malos y que es nuestra culpa hacer que algunos se crean presidentes o tiranos o mesías. Vendré a decirles cómo se vive en el extranjero. Que allá los ríos no son ríos; ni las piedras, piedras; ni las montañas, montañas. Que son lo que ellos quieran llamarles o cómo quieran llamarles, pero no son lo que tú tienes en tu propio país, en tu propia casa. Vendré a decirles que el que se siente cautivado por un coche nuevo es un superfluo; pero que también es duro no tener nada y pasársela en camiones sucios y malolientes. Vendré a decirles que ser burócrata es bueno, que la paga, si es poca

Algunas reglas de Elmore Leonard para un escritor

Sábado por la mañana, julio de 2011, me apresuro a tomar una ducha para ir a una reunión de escritores por el rumbo de Thousand Oaks, pasando Tarzana y Boca Raton. El tema de hoy es revisar las diez reglas que recomienda seguir Elmore Leonard a aquellos que sueñan con ser escritores, y también repasar algunas de Kurt Vonnegut. Qué pena —me digo—, no he leído ningún libro de esos autores. En especial sólo me suena el nombre de Vonnegut, uno de los novelistas preferidos de Haruki Murakami. Después de hora y media de cambios de Freeways, lejos de Los Angeles, llego a mi destino: el Goebel Senior Adult Center de Thousand Oaks. Hoy soy uno de los nuevos integrantes del Grupo de Escritores de Conejo-Simi Valley. Para no hacer larga esta historia con detalles de si hacía calor, si tenía hambre, si comí hamburguesas en el camino, si me detuve en la famosa biblioteca Ronald Reagan; diré que de las diez reglas de Leonard, solamente repasamos algunas y una de Vonnegut, porque había agenda

Poemas para ti

No soy yo No soy yo Quien te mira Y quien te desea.   No soy yo Quien deja escapar un suspiro Cuando desde lejos te oye.   No soy yo Quien te extraña a la distancia Cuando voluntariamente te alejas.   Es ese loco. Ese loco que desvaría Porque todos sus poros   Te recuerdan.     De castañuelas De castañuelas están hechos los dedos y las palmas de tus manos. De castañuelas que resuenan cuando mi piel tocas.   Tú no lo sabes Pero yo las oigo Cuando las deslizas por mi pecho, por mis piernas, por mi espalda.   Es una melodía apagada pero suave. Que en mí resuena Cuando mi piel tocas.     No estoy enamorado de ti No estoy enamorado de ti No es tu cuerpo ni tu cara Ni la forma en que ríes o sonríes.   Tampoco son tus enojos Ni la forma en que me amas.   Estoy enamorado de lo que hay dentro de ti. De tus tristezas, de tus nostalgias, de tus melancolías Y de las alegrías que en el momento más inesperado