Sólo tú me lees y me oyes
Sólo
tú me lees y me oyes
Para eso hemos ideado un código de
secrecía. Las palabras candentes las hemos cambiado por otras más tiernas y
suaves. Las de compromiso para verte a solas, ahora son invitaciones para ir a
tomar un café, aunque no conmigo; y las de vernos cerca de un hotel, son propuestas para ir
a dar un paseo en el parque. Tú con tu perro, y yo con el mío.
De modo que el lenguaje entre tú y yo se
ha modificado, y lo que puede ser una descripción de un paseo de dos o tres
horas platicando por la calle con tus amigas, y yo con mis cuates en una
cantina; en realidad son... citas clandestinas, donde los celulares se apagan una hora antes y los mensajes se borran, para que no quede huella de lo
que pasará ni de lo que se dirá o gritará entre cuatro paredes y un espejo, que
siempre los hay.
Y tú seguirás siendo, como siempre, la
dama recatada, que aunque no tiene una pareja, porque la que tenía se fue, no
necesita de compañía, porque la intimidad la ha apagado y ya no la recuerda más; y yo
seré un amante con compromisos que los años han aflojado demasiado, y que de la
virilidad, ya se ha olvidado, ocupado como siempre en el trabajo, en la familia y en
obras de caridad para la sociedad. Y nos cruzaremos por la calle sin ni siquiera darnos
los buenos días, porque es verdad que una vez nos conocimos, pero esa relación
no fue suficiente para cruzar palabras cuando muy ocasionalmente nos
encontramos.
Y así seguiremos... Y cuando las sospechas aumenten, nos dejaremos de ver por un tiempo; pero no largo, porque esta relación de intimidad, ya se volvió una droga, para ti y para mí; que si no la tomamos con regularidad, de seguro moriremos, o nos marchitaremos, como girasoles que les falta agua... Y voltear, hacia, donde el sol, está.
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