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Mostrando las entradas de agosto 14, 2021

Un cachito de cielo

Escribir en uno de esos días que llaman feriados. Uno con lluvia a cántaros que te recluye en tu sala. Sentarse y dejar que las manos se muevan por sí solas en ese teclado que ha sido tu compañero inseparable por varios años; donde esos no contaron, sino las noches, las noches interminables que pasaste a su lado. Sentarse a escribir olvidándose de las cotidianidades de afuera, imaginándote que la persona amada se encuentra en tus entornos, deseando que sólo esté ahí; para que tú la escuches ir y venir, pensando que eso es la forma más simple del amor y del cariño, sin que distingas uno del otro, porque no existe un cambio brusco entre ambos. Un día sientes confianza, el otro cariño, el siguiente, ternura; y cuando te das cuenta ya has comprometido tu alma. Comenzar una nueva historia para que alguien desconocido la lea y diga: Me agrada. Porque en esas palabras, en esas letras y en esas líneas has dejado parte de tu vida; tu vida de vagabundo y de loco que anda suelto; loco, pero i

Yo no creo...

Sé que después de leer este texto muchos no me leerán nunca más... Pero para serles sincero, tengo que decirles que yo no creo en Mahoma, tampoco en Alá, o en Buda, ni en Yahveh. Mucho menos en esos líderes espirituales que un día aparecen y al otro ya no están. Y no creo en un Dios con nombre, porque hace tiempo entendí que el cielo, el del día y el de la noche, es grande, tan grande que no tiene fin. Ese infinito alberga a millones de galaxias donde hay miles de millones de soles como el que nos alumbra, y esos soles tienen planetas como éste en el que vivimos; y luego pues, un dios terrestre no le queda a la medida al universo. Y si hubiera un solo Dios para todo el universo, entonces sería un Dios igual o más grande que el mismo universo, sin límite de espacio ni de tiempo; y no podría haber dos o tres, y si los hubiera, entonces tendría que haber miles de millones, como galaxias, como soles o como planetas hay. Y pues, si hay sólo uno, ese Dios no se ocuparía de resolver mis p

Sobre el difícil y complicado arte de tender una cama

Este “Procedimiento” lo conocen bien todas las amas de casa. Pero podría decir ‒sin temor a equivocarme‒ que a la mayoría de los hombres le es completamente desconocido. Por lo que considero, indispensable y necesario, sentar unas bases simples y claras para aquellas veces que, en conjunto con su mujer (Digo, entonces... ¿Con quién más podría ser?) ha pasado usted una noche fantástica y simplemente Ma-ra-vi-llo-sa (Ya sabe cómo son de exigentes, en ocasiones, las damas); o para aquellas, en que a usted no le cayó bien la cena y dio vueltas como mapache enjaulado en el cuadrilátero nocturno, jalando cobijas, sacando las piernas, botando almohadas... Para que al inicio del nuevo día ‒sobre todo los fines de semana‒, la mujer hábilmente, temprano desaparezca, con el pretexto de ir a desayunar con las amigas, ir al club, al super por la despensa o a ver a la mamá. Y usted perezosamente... se despierta, se estira, se medio baña, se perfuma, se cambia; y se pone a pensar que va a hacer ese d

Voy y regreso

En el dominio donde yo mando nadie tiene la voz más ronca Ahí me impongo valiéndome madres todo porque en ese reino he hecho de mi palabra Ley y de mis deseos órdenes que los demás sentidos acatan sin chistar y sin demora Tanto que cuando abro la boca dejo que los ojos vean pero no miren que los oídos oigan pero no escuchen que las manos toquen pero no sientan Y aun cuando musito palabras incomprensibles hago que todos los que me rodean se queden incólumes y nadie entienda lo qué está pasando o cuál es el significado Incluso yo tampoco pero no se lo digo a nadie porque a la misma vez que hablo escribo Escribo aquí dentro de mi cabeza en una Remington viejita de color verdecito y de teclas como moneditas deslavadas por el uso con un borde plata que hacen tickly tlack con el suave pulsar de cada una porque escribir duele duele bastante y gasta Repiquetea aquí dentro y no se acaba Así que en lugar de ir al loquero que vive en la esquina de mi cuadra después de casi cincuenta y tantos años