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Mostrando las entradas de enero, 2022

No vale la pena que alguien me lea

Ahora no vale la pena que alguien me lea, pues desde hace días todo lo que he escrito es lo que algunos lectores educados podrían denominar Basura. Si, basura. Letras y palabras unas tras otras que hablan y dicen, pero que no develan nada. Para contrarrestar ese mal, para romper ese hechizo he hecho de todo he intentado todo, desde escribir historias simples que susciten el interés de los no versados en la literatura; o de versados venidos a menos que es lo mismo; también he escrito historias complejas, como por ejemplo esa descripción que ayer apenas terminé de cómo se mueven los mecanismos de un reloj de cuerda fino, como para interesar a los que tienen afición por la mecánica y por la precisión de las máquinas; también intenté escribir cuentos fantásticos de cómo será la vida cuando se venga el cambio de siglo, para eso miré cuanta película o serie me encontré en Netflix y leí a los diez autores más renombrados de ciencia ficción; y hasta creí que dos o tres historias de las siete

El tren de mi vida

Así es hoy mi vida. Un taxi a dejar a mi hija a la escuela, después me tira a mí en la parada del colectivo. Veintitrés estaciones de metro de ida y un pesero más para llegar al trabajo. Una jornada de nueve a doce horas, cuando menos. Un checador electrónico. ¡Cuánto lo agradezco! De regreso omito el taxi —gasto innecesario—, lo sustituye el pesero, y luego las veintitrés estaciones del comunitario: Frente a mí pasa el circo itinerante de mi pueblo. Se abre el telón. Llegan a la pista los payasos. ¡Qué ingenio! Vienen disfrazados de jovencitos de la misma calaña —sin que sea una palabra mala—. Dialogo excelso de merolicos. Yo escucho atento (quizás me sirva para escribir algún poema mañana).  Con todas las artimañas a su alcance, gestos, muecas y ademanes, establecen un verdadero concurso por atraer la atención del respetable. Quedo fascinado con un bagaje de nuevas...  ¿Palabras... ??? Una viejita vende dulces y pregona: ¡Hay película en el Centro!  ¡Y buena!  —Añade sonriend

En el momento ese

En el momento ese...   Qué es el Amor, sino sólo un momento. El momento ese... En que nos damos Quizás ésta sea una de las canciones de amor más bellas del mundo...    https://youtu.be/SlpLGrzUC1Y     En El Momento Ese... En el momento ese, en que nos damos. Se me olvida tu nombre y mi nombre, mujer Tú te vuelves flora y yo me vuelvo fauna. Te recorro de norte a sur y de lado a lado. Trepo por tus enredaderas y me detengo en la cima de tus dos montañas.   En el momento ese, en que nos damos. Tú te vuelves luna y yo me torno Sol. Te persigo según transcurren las horas hasta que te alcanzo y mi luz te cobija y mi calor te envuelve. Y te voy comiendo poco a poco, de cuarto creciente hasta luna llena.   En el momento ese, en que nos damos. Tú te vuelves lágrima y yo soy sonrisa. Y sin darnos cuenta tú te vuelves risa y yo me vuelvo sal. Y en ese ciclo de cambios infinitos, tú te vuel

Coronavirus

Coronavirus Si te dijera que hago yo para escribir… Tendría que matarte. Me confino por horas, días enteros en mi casa y no salgo para nada. No le hablo a los amigos, me olvido de los conocidos y no digo ni “Hola... ¿Cómo están?” a mi familia; desconecto el internet, el cable de la TV y apago todo cuanto haga ruido. Entonces en la quietud de mi biblioteca, de mi sala, en completa calma, cuando ya se han apagado todos los sonidos del mundo; agarro la última versión de mi novela, una docena de hojas blancas, mi plumón que pinta rojo con líneas suavecitas, y me pongo a escribir. No necesito de nada ni de nadie. Si al caso una música de chelo que sale de un portátil a la mano, y entonces extiendo mis alas de escarabajo y me voy en viaje imaginario a volar el mundo, el de hoy, el de ahora, el de hace años o siglos, o el de futuros que están por venir y asombrarnos. Yo no le temo al confinamiento, si es el confinamiento que yo decido; porque en él me encuentro y en él me hallo, y e

Porque siempre voy a estar ahí

Porque yo siempre voy a estar ahí. Ahí donde tú estés, ahí voy a estar. Así caigan tormentas y así tiemble la tierra, ahí voy a estar. También cuando haya paz y cuando haya calma, ahí estaré; no junto quizás, pero si cerca. A tu llamado acudiré como la oveja lo hace al sonido del silbato de su dueño, como el perro que se alegra cuando llegas. Y aunque nos separen mares y océanos o agrestes cordilleras, cuando me llames, me volverás a encontrar; como si tú y yo fuéramos los mismos que fuimos ayer. Porque ni tú ni yo hemos cambiado. Bueno... Sí, un poco. Quizás tú te has vuelto tantito más necia y mucho más sentida, y yo un gran huraño y un reservado callado. Y aunque a veces nos separen distancias enormes, de unos cuantos centímetros en la cama, o mínimas de algunos kilómetros entre tu morada y la mía, seguimos siendo iguales, y nos seguimos amando; aunque no, nos lo digamos; porque la distancia entre las almas es mucho más estrecha que la que hay entre los cuerpos y entre los c

Porque sólo te querían...

Escritor. Porque sólo te querían para poner tu nombre en una lista. Para que así dijeran que tú, pueblo, estabas conforme con lo que están haciendo, porque según ellos –y según tú–, eso era lo correcto; que esa era la pura neta, que la voz de uno, es la voz de todos. Y que para corroborarlo, hacía falta un refrendo, un refrendo estúpido que costaría millones, como el anterior en que se validó –o no me acuerdo si así fue–, o sólo fue un gran oso, un gran fiasco, que igualmente costó millones. Sí, ese donde se trató de constatar que los anteriores eran unos ladrones; y que pronto se olvidó, así que había que repetirlo. Esta vez, para que con el resultado alguien dijera. “¿Lo ven? Sigo siendo el más querido.” “El más querido a la mitad del camino, por lo que así me sigo.” Y el ejercicio se hará, porque aquí lo que importa es la voz del pueblo. Ya veremos si al final, cuando el más querido se vaya a su ermita a saborear los triunfos y las guirn

Il mio De Profundis. Parte IV

Se tolerante con los demás, pues la igualdad no existe, ni nadie piensa o actúa exactamente igual que otro. Esas coincidencias no se dan en el mismo entorno o en la misma hora y minuto. Similares, puede, cuando hay un proceso, un aprendizaje, cuando ocurre un milagro. Y luego que dure... ¿Dónde? Se requiere tolerancia o amistad o compañerismo, o amor, o sentido común; y todas varían. Así que las más de las veces te tienes que adaptar, poner tu parte en el trabajo, en la escuela, en el oficio, en la casa. Piensa que los otros deben hacer lo mismo... Si tienen que, o quieren convivir contigo; pues no todos somos monedita de oro y todos tenemos muchos defectos, y por supuesto, también virtudes; y éstas tampoco son iguales. Además... ¿Por qué tendríamos que ser perfectos o iguales? Imagina. ¡Qué tedioso y aburrido! Así que debes aprender a ser flexible, a acomodarte a los cambios del entorno, a los altibajos que te presenta la vida. No seas vano, cínico ni sentimentaloide, pues sólo te e

Did I say I love you?

I´d have to be a superfluous not realize that I love you. You fill all my ambitions. You are half of what I don't know and what I ignore. I found you one afternoon as someone who finds a small round stone and holds it for life. You are the roads that I had not walked yet and the villages in which I had not been before. I am going to give you this day and this night the best of me, knowing that, without asking, I will receive the best of you, which is also the best thing that has happened to me. You are the mirror in which I look at myself and you’re the dialogues I imagined. You´re the accompanied loneliness I was lacking since a long time ago; you erase my sadness and my melancholy, or rather, you rearrange them; You are all I needed. You are the laughter and the silence, the unexpected and what I was waiting for. You are the one who knows everything; when we dance, you’re the rhythmic and the sensitive one; I am the clumsy, the rough, the one with two left feet. It’s your bod

Hermit

Close to the very frantic heart of a bustling and populated suburb of a large city of the East Coast of the most powerful conuntry an Earth, closer to helplessness than to opulence, a hermit once lived. A hermit raised among counter clerks, maintenance workers and grocery store attendants, a hermit who had already experienced what it feels like to live among stinking streets streaked heavily with graffiti; and educated, without doubt, in an impoverished kindergarten and ordinary elementary and junior high schools. His flat was modest. Compact ... but somehow beautiful; it could even be said, cozy; with three or four pieces of art that reflected the way of life of its inhabitant. Three rooms. One that combined a kitchenette, a dining and a living room, with a minimal step at the middle that ended in a large window with light brown satin curtains; which when opened, gave way onto a railing overlooking a small and quiet wooded park. A mustard-colored love seat and a single sofa, both in w