Carta a Karla VI
Querida Karla
Si creías que
la vida era de cierta manera sencilla, créeme que estabas un poco equivocada.
Recuerdas que
hace aproximadamente cinco años, me dijiste que empezarías a estudiar el ciclo que seguía
de cuando dejaste la escuela, y que si tuvieras tiempo también tratarías de
aprender otro idioma, ése de los negocios internacionales, o que concluirías el
curso de estilista que dejaste casi a medias, y además que te meterías a un gym para recuperar forma...
Pues ninguna de
esas tareas concluiste, ya no diré que ni siquiera las iniciaste. Pero no creas
que por eso pienso que hayas fracasado. No, porque la vida no es sencilla, y
las recetas que uno se crea dentro de la mente sobre cómo será el futuro, distan
mucho de la realidad.
Y no es que no hayas querido con la suficiente fuerza o que te faltaron ganas. No, porque yo sé bien dónde quedó mucho de tu esfuerzo.
¿Qué no es cierto que tienes dos
hijas pequeñas, y que sólo tú, como madre soltera eres responsable de que vayan
con el uniforme limpio a la escuela y con lunch para la hora del recreo; luego que regresen, dejas que se diviertan un poco, hagan la tarea, estudien, se bañen, y después de cenar, se vayan a dormir tranquilas a su cama? Y no es cierto que tú eres la única que ve que en la casa no falten
los alimentos tres veces al día, incluyendo los huevos, la leche y el pan; y
que tengan zapatos y vestidos nuevos de vez en cuanto, y que no falte un pastel
en la mesa el día de sus cumpleaños. Y que para eso, te ocupas en tomar todos
los trabajos posibles que te dejen unos billetes y monedas, que aunque escasos,
rindan para darles seguridad y alegrías a esas dos pequeñas; y que poco te
importa que tú regreses cada día a tu casa rendida de cansancio, buscando
fuerzas en la flaqueza para limpiarla, lavar la ropa, y preparar la comida y luego la cena.
Qué no fue que
en estos cinco años, terminaste de pagar ese pedacito de tierra y construiste
una incipiente casa que aún no tiene un techo o ventanas decentes ni un patio
donde puedan jugar tus chiquillas; pero que eso no hace ninguna mella en tu
ánimo, porque tú sabes que la felicidad no precisa de lujos y hasta con
limitaciones se le puede encontrar.
Y si todavía
así te lamentas que no tuviste el tiempo de inscribirte al gym o meterte a la
escuela de inglés o a la de estilista de belleza... No lo hagas, porque pocas
como tú tuvieron las agallas y el valor para enfrentar la vida como tú lo has
hecho cada día, sin darte por vencida y sin desmayar; y si en ocasiones lloras
porque no puedes más, porque "se te está yendo el tren", porque has
dejado "tus sueños" guardados en algún lugar...
De verdad, no lo hagas, porque si yo escribo estas líneas, es sólo para dejarte saber que te admiro y te respeto, no sólo por lo que representas en la vida de esas niñas, sino para hacerte saber que representas mucho en las vidas de quienes te conocen, incluyendo la mía; porque eres alguien que sólo sabe dar.
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