Me vale madre la vida... Hoy que cumplo 67 años
Y la verdad sí. Mi filosofía
del valemadrismo de estos últimos años, me ha permitido ser feliz; si no
completamente, si me ha permitido evadir varios malogrados infortunios; los que
no, me han tirado y dejado todo maltrecho y golpeado, pero al final mi
valemadrismo me ha salvado.
En resumen, ya con la
experiencia de tantos años, puedo afirmar sin temor a equivocarme que: La
vida, no está... tan chida. Y la verdad, mucho hago yo para sobrevivir
con optimismo.
Hoy que cumplo sesenta y
siete, me doy cuenta cabal que en unos años tendré ochenta. Sí, ochenta. Y
entonces sí, agárrate, porque habrá consecuencias cabronas; que ya las hay,
pero las paleo como puedo.
¡Ah! Pero me congratulo y me
aplaudo solito, porque he llegado hasta aquí sin daños mayores, considerando
todo por lo que he pasado: dos grandes temblores, una separación, cuatro
cambios de trabajo, múltiples oficios de lo que sea, amantes que se van, muchas
que se quedan en promesas, accidentes suavecitos y graves: deshice un auto,
doblé una moto, y me di varios madrazos volando ala delta. También he soportado
estoicamente estar sin chamba y sin ingreso, y lo que es más duro, sin mujer
que me acompañe. Aunque diré que nunca me resigné, y que para tener lana he
chambeado de lo que sea, y para tener dama he ofrecido y dado hasta lo que no
tengo; y he sorteado quedarme sin probar bocado, cumpliendo a veces con el
ritual de “al menos una vez al día”, y he soportado la abstinencia de no tener
compañía femenina por meses, pero al final mi persistencia ha pagado
dividendos.
Y así, he llegado a los sesenta
y siete. Confieso que a los sesenta y seis no me preocupaba, porque sentía que
estaban más cerca de los sesenta y cinco; pero ahora estos pinches sesenta y
siete ya se sienten como setenta.
Sin embargo, no pierdo el optimismo. Sé que pronto me irá mejor; porque si me va peor... ¿Cómo chingados voy a llegar a los ochenta?
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