No te has llevado nada
Yo quise meterte en mi mundo, pero tu fuiste necia y
quisiste permanecer en el tuyo. A él te aferraste, y aunque quise jalarte, era
imposible desprenderte. De modo que me fui alejando poco a poco, sin que fuera
mi intención y quizás sin darme cuenta; y tú hiciste lo mismo. Y las palabras
se adelgazaron y perdieron fuerza, a ellas le siguió la voluntad de seguir a tu
lado, y aunque estábamos juntos, cada vez estábamos más distantes; hasta el
grado tal, que yo no era a quien tú habías conocido y tú no eras aquella a la
que yo amaba. Y a la indiferencia le siguió el olvido, y las palabras se
hicieron escasas y las atenciones comenzaron a desaparecer, empezaron por la
sala, se siguieron por la cocina y el baño y se instalaron en la recámara.
Entonces, un día, nos volvimos extraños. Tú no me
reconociste y yo no sabía quién eras; por lo que sin quererlo, los dos buscamos
como romper ese lazo que aún nos ataba y firmar un papel no fue imposible.
Salimos de esa casa en renta, y cada uno tomó su
camino.
No te has llevado nada
No te has llevado nada
aquí está la sala, la
TV, el estéreo, la cama.
Está el auto y el refrí,
también tu foto sobre el
piano.
Incluso está parte de tu
ropa,
algunos de tus libros
y tus bras y panties más
usadas.
Y estoy yo, integro.
Creo que no me falta
nada...
¡Ah! Maldita.
Me has robado el
alma.
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