Hoy es un día maravilloso
Con todo, salió el Sol.
Me tiró de la cama y enseguida aventé por allá la
pijama y me puse un pantalón viejo y una camiseta un poco arrugada, pero limpia;
y me dispuse a barrer la sala y a darle una trapeada, al igual que a la cocina y
a mi recámara (la única que hay); de paso, lavé dos que tres trastes sucios
de la cena; y después con todo ya oliendo a pinol, me puse a remendar mis
calcetines y de esa labor terminé con tres pares que ya estaban desahuciados,
contento, porque entre más viejos, más cómodos son.
Con esas tareas me dio un hambre de la fregada y
me hice un licuado de plátano con leche con una cucharada de eso que elaboran
las abejas y dos huevos estrellados con frijoles refritos al lado, con una rebanada generosa de aguacate y unos chiles toreados que tenía del domingo pasado y tres
tortillas calientitas que me hicieron sentir mejor.
Entre tanto recibí un mensaje de una amiga,
dándome los buenos días y recordándome que hoy toca.
Si hoy toca ir a bailar Kizomba con los cuates y
las amigas, hoy toca sentirse bañado por la gracia y por una fuerza celestial, para
darse en cuerpo y alma, de modo que las damas que accedan a acompañarme en ese
abrazo kizombero sientan que juntos nos vamos a un nirvana, que traspasamos
esta tierra y que en ese baile encontraremos, la calma, la paz y hasta creo
que... La felicidad.
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