Cómo matar a un hombre

Si me preguntas cómo matar a un hombre...

Te daré mi mejor consejo. No lo hagas con un revólver. No se disfruta, no es profesional y carece de estilo.

Pero si has decidido irte por el camino fácil; entonces selecciona cuidadosamente la fecha, el lugar y la hora; porque cualquiera puede matar a un hombre en el centro de una plaza concurrida a plena luz del día, para después simplemente correr y esconderse... Pero ¡Hey! Eso no es algo inteligente, y lo más seguro es que te atrapen en un santiamén.

¿Pudiera sugerirte un lugar oscuro? Eso sería mucho mejor ¿No lo crees? Es más conveniente, más seguro, y hasta un poco más íntimo. Un lugar por el que tu hombre acostumbre pasar. Y si se te diera elegir, escoge un lugar aislado.

Prepara con mucha anticipación la fecha para comenzar a cambiar tu apariencia. Déjate crecer la barba y el bigote, entre más largos y estrafalarios, mejor. Pero ten cuidado que no te veas sucio, cualquiera puede desconfiar de un vagabundo. Luego gana varios kilos de peso, no uno o dos, sino diez o quince, hasta el punto que tú mismo no te reconozcas. Perderlos es mucho, pero mucho más difícil, y eso no hace un gran cambio, porque seguirías siendo tú.

Ya que lo hayas logrado, en el día indicado, viste ropa negra y gris. Esos colores te ayudaran a pasar desapercibido, como si fueras cualquier otra persona. Usa ropas que hayas comprado usadas. Eso sí, limpias, y que nunca hayas usado anteriormente; que no sean baratas ni corrientes: casuales sí, pero no elegantes, recuerda que es muy importante tener estilo sin llamar mucho la atención. Ponte unos lentes oscuros, de un modelo que sea fácilmente reconocible. ¿Qué tal un sombrero de color café oscuro? Un sombrero en donde el pelo, el que también dejaste largo, quede colgando por los lados; rízalo un poco, para que no seas como todos los demás; recuerda que los hombres con pelo largo no son muy comunes y son difíciles de encontrar; solo un poco, para que te sientas como una estrella de rock.

Ya estás. Tienes una personalidad particular. Te ves diferente, diría especial. En lo externo, ya no eres tú, y ese que tú eres al dejar de ser, nadie lo reconocerá.

Prepara de antemano tu ruta de escapatoria. No dejes nada al azar. Una moto sería una buena elección, si la sabes manejar. Cómprala en línea. Llama al dueño, haz la cita, págale en efectivo, di que te llamas Sanchez, porque hay infinidad de Sanchez en el directorio. De modo que una vez concluido el asunto, puedas correr, saltar sobre el asiento, escapar y olvidar.

¡Espera! No te he dicho los pequeños detalles.

Cuando tu hombre pase caminando tranquilamente por el parque, si es un parque, o por un callejón, o por una calle lateral oscura, el cual pudiera ser el lugar donde va a pasar lo que tiene que pasar; camina de manera natural desde el lado opuesto sin que intentes tropezar con él, más bien metido en tus pensamientos, para que cuando estés cerca, levantes la cabeza, lo miras a los ojos y sonríe. Muéstrale el cigarrillo que sostienes entre tus dedos de tu mano izquierda. Pídele fuego, como se dice. Y si el dice: “Disculpa, no fumo”, “Disculpa, olvidé en el auto mi encendedor”, o si te dice: “Déjame buscarlo. ¡Oh! ¿Dónde lo dejé? Y mientras busca en el bolsillo de su chamarra o en el del pantalón, entonces sacas sutilmente del bolsillo interno de tu saco la pistola, ¿Por qué tienes un saco, no? Luego tan cerca como puedas, dispara una vez, dos, tres, directo a su corazón o donde crees que éste está. ¿No has olvidado conseguir un silenciador, no? Grave error. Pero como apenas lo estás planeando, consigue uno, es primordial.

Caerá despacito, quizás recargando su cuerpo contra ti. Ten cuidado porque no debe manchar tu saco, tu camisa con su sangre, sostenlo con las manos y poco a poco déjalo caer.

Camina con paso calmado si consideras que no hay nadie alrededor. Si lo hay... corre. Corre por tu vida. Brinca en la motocicleta, toma esa ruta que previamente seleccionaste para escapar, esa que fue la mejor para tu plan. Abandona la moto unas cuantas cuadras lejos de ese lugar, y luego camina por diez o quince kilómetros. Evita hacerlo en línea directa. En el kilometro cinco o seis tira los lentes oscuros en un arbusto. En el kilometro siete, corta tu barba y tu bigote con un rastrillo, el que has escondido en una mochila pequeña; unos cientos de metros después, ya con la oscuridad de la noche, corta tus pelo largo con unas tijeras y ponte la gorra que traes en tu mochila, y cuando puedas en una esquina aislada y solitaria cambia tu ropa por otra ropa usada y tira todo en un contenedor grande de basura, el saco, la camiseta, el sombrero, los pantalones, dejando el que traías debajo del primero, junto con la mochila, sustituyéndola por otra más pequeña.

Vete a la montaña. Si te escondes en una montaña es reconfortante, y lo es aún más cuando acabas de matar a un hombre. Escóndete en la oscuridad y prepárate para que te asalten unos pensamientos cabrones en medio de la noche, porque nunca fácil matar a un hombre por primera vez. Trata de dormir entre los arbustos, ya que mañana serás un hombre totalmente diferente.

Pero si verdaderamente me preguntas cómo yo mataría a un hombre, a mí que he estado entrenando esas mortales artes marciales desde que tenía nueve años, a mí que he roto narices y bocas varias veces y que me las han roto al menos dos, y cuando así pasó, le rompí uno o dos huesos al cabrón; a mí que aprendí a saltar de una altura de cuatro o cinco metros sin lastimarme en lo más mínimo, a mí que puedo romper una pila de ladrillos con un golpe de mi frente, o que puedo cortar el cuello de una botella con un golpe de costado de la palma de mi mano...

Y si tú sinceramente me preguntas cómo yo mataría a un hombre.

Yo lo haría simplemente con mis manos.

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