¿Por qué sigo yo aquí contigo?

 A veces, debiera uno preguntarse:

¿Por qué sigo yo aquí contigo? Si no me mantienes, si la casa es más mía que tuya, si sigues pensando que soy la criada, la que barre la sala, la que hace la cama, la que limpia el baño, y la que cocina tres veces en un día. O el que ayuda a ir por el mandado, el que arregla las cosas como si fuera albañil, el plomero o carpintero, el que limpia la casa y corta el pasto de la entrada.

Además, el amor se ha ido; más bien se fue desde hace muchos años; y si permanecí aquí, fue por el amor que le tengo a nuestros hijos, por no romper este vínculo a lo que yo le llamo familia, porque mis hijos te quieren tal y como eres, aunque no sepan en realidad "cómo eres", porque eso sólo lo sé yo, que te veo desde que amanece hasta que anochece, y de hecho cuando duermes, cuando estamos solos.

De modo que el balance no es positivo, ni ahora ni antes; porque si a "como eres cuando estamos con los demás", le sumo el "cómo eres cuando estamos solos", me quedas debiendo. Y si quedarme contigo cuando los niños eran bebes, niños y luego adolescentes me iba bien, estaba conforme o me era soportable; ahora que son adultos, y ya ese peso de la "familia" se ha modificado, y ellos me quieren y me entienden... Ya no puedo quedarme, porque me quitas mucho más de lo que me das.

Lo diré simple: Ya no eres compañía. Eres más bien una o un desconocido, una carga, una carga de alguien que se queja, que humilla, que pide atenciones, pero nada da. Y si hago un balance de estar juntos desde que inicia el día contigo hasta que termina... Ya no es agradable estar juntos. Pero eso no es algo nuevo, ya no lo era desde hace tiempo, sólo que antes estaba el trabajo, el ir a la oficina, el atender a la familia, a los amigos; y sobre todo entre tú y yo, y tú menos que yo, atender a los hijos, en sus pequeñas broncas, en sus grandes problemas y ayudar a resolver, en preocuparse por su educación y su salud mental.

Así que ahora, sin trabajo, con jubilación, sin grandes preocupaciones de los hijos, estar contigo... ¿Qué me da? Si el amor ya se deterioró y sólo queda un cierto cariño, un preocuparme por ti, como el ser humano que por años estuvo a mi lado, pero no más.

La pasión, la intimidad... ¿Dónde quedo? Si hace años se exinguió la llama del amor y entonces ni cenizas quedaron. Y la intimidad y la pasión ya no existe, porque quien quiere intimidad con alguien que te humilla y a quien le sirves... Y esa, esa no sería una razón para quedarme aquí, porque la convivencia es un todo, un todo que nunca lo fue, y ahora menos lo es.

De modo, que si a partir de ahora no cambias, si no hay respeto y cooperación, mira te digo, que el reloj de la separación no se detendrá.

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