Hoy no tengo nada de que escribir... Mi mente está vacía
Sí, hoy es uno de esos días que no tengo nada de qué escribir. O más bien, no tengo ni una puta idea sobre qué escribir. Mi mente está vacía y no se le ocurren más que pendejadas. Y como soy un escritor que se jacta de la profundidad de sus escritos, me quedo como tonto sentado frente al teclado de mi compu.
Reviso mis últimas dolencias, y no, no vale la pena mencionarlas, a mis más de sesenta y cinco son tantas, tan simples y comunes que no aportan, luego pienso en la reunión de examigos a la que no asistí hoy, y no me lamento. A la mayoría no los he visto en años. Ya sé que al rato en el What´s de excuates, al que me metieron, publicarán las fotos de la cita, y yo me preguntaré: ¿Quiénes son esos vejestorios?
Voy a mi novela, leo las primeras veinticinco páginas y no sé cómo agregar más letras que verdaderamente se sientan. Debo ser un estúpido este día para que ni a esa ni a las otras dos les pueda escribir una línea.
Sí, sé que hay infinidad de tontos y de estúpidos en el mundo, de seres que muchos de sus días se levantan con la cabeza hueca, pero no pensé que yo también, algún día, éste, y varios de las semanas pasadas, me levantara con el cerebro en idle, en suspenso, congelado o tibio para atreverse a formular una idea, no maravillosa, pero sí que valiera la pena.
Al menos me he dado cuenta a tiempo. Pero tampoco sé cómo contrarrestar este mal. Si al menos lo pudiera llamar alzhaimer me caería bien, porque tendría a qué achacarle esta falta de movimiento de neuronas... Pero no. No lo es.
Así que me he propuesto no preocuparme más y gozar de la simpleza que da el tirar el tiempo a lo gandalla; al fin y al cabo, cuando muera no me acordaré de este día ni tampoco de los otros.
Me disculpo contigo querido lector que me lees con frecuencia. Pero te diré que tampoco me acongojo, porque recién he leído la poesía completa de Alejandra Pizarnik y la Jorge Luis Borges, y ambas las encontré detestables. De seguro esos dos tipos engañaban a muchos haciéndoles creer que eran unos verdaderos literatos; pero no. También tenían, a veces, la cabeza hueca.
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