Tengo miedo
Sí. Tengo miedo.
Porque yo estaba tranquila, haciendo lo que una mujer separada tiene que hacer: Cuidar de los niños, mandarlos a la escuela, ver que en la mesa no falte el pan y que las mochilas tengan cuadernos nuevos cuando empieza cada ciclo escolar; ya que decir de ropa, zapatos, sabanas, escobas, jabón para bañarse o para lavar.
Eso en lo material. En lo que toca al alma, ver que yo estuviera bien o regularmente bien; para que los que dependen de mi estuvieran mejor. Regañarlos, apapacharlos, escucharlos, entenderlos, cuidarlos, corregir. Cuidar la casa, el orden, la limpieza, que la alacena no estuviera desierta. Ver que si no había papá, llenar ese hueco siendo toda una mamá y a veces una mamá-papá.
Y si estaba sola, sola con la compañía de familiares y de mis hijos; estaba bien. Sola y tranquila, sola y ocupada, sola y cansada; pero al fin y al cabo, bien.
También así era como yo quería estar. Porque la relación anterior dolió y todavía las heridas que quedaron poco a poco se iban cerrando, pero no había sanado del todo, porque el corazón está ahí y los sentimientos están ahí, pero es difícil olvidar.
Pasaron los meses y los días y yo me acomodé a mi nueva realidad.
Pero llegaste tú... Y despacito tocaste a mi puerta.
No fuiste el primero. Varios se acercaron. Muchos solo deseaban sexo, muy pocos optaron por primero invitarme un café, pero al final sus deseos los traicionaron y su paciencia se esfumó.
Entonces me dije. No necesito una compañía, porque como estoy, estoy bien, y casi se me olvidó que mi cuerpo sentía, que mi cuerpo deseaba, que añoraba un toque suave y tierno, un beso limpio, un abrazo fuerte que me hiciera estremecer.
Pero llegaste tú. En tus ojos vi que tu compañía era sincera, que tu persistencia era genuina. Sí, algunas veces adiviné la llama del deseo en el roce de tus manos, y me negué. Eso no te cambió y en ti encontré el amigo de siempre, el de las confidencias, el de la confianza, para el que no me pregunté: ¿Se quedará?
Y seguiste ahí. Pasaron algunas citas y contigo reí. Te tomé de la mano y tú me diste un beso.
Al final todo te dí. No cuando lo pediste, sino cuando sentí que yo quería estar junto a ti.
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