Al fin de cuentas... La vida no está tan chida

Al fin de cuentas... La vida no está tan chida.

No hay nada nuevo bajo el sol, siempre la misma monotonía y la mismísima rutina. Párate temprano, toma el autobus, el pesero, el metro o camina; llega a trabajar, atiende el mostrador y rebaja el altor de pedidos, date un respiro, tómate un café, pero no te tardes que el jefe checa si no estás. 

Sigue, sigue trabajando como segundero de reloj, vete al lunch, regresa, contesta el celular, envía la foto de las diez, la de las doce, la de las seis, anota, haz, llena la bitácora, checa las cámaras, regresa a tu lugar; recuerda que el sábado también tienes que ir a trabajar, porque los de la planta de energía vendrán a repararla y tú debes vigilar, porque la mercancía está por llegar, por el balance de caja, no importa, siempre hay una razón para ir a trabajar.

Por fin, es la hora de regresar. ¿Pero qué crees! El compañero que te releva no ha llegado, ya avisó al jefe que se retrasó y que probablemente no vendrá, así que te toca doblar turno, y tu salida en lugar de ser hoy, será mañana; y sí, esta vez si llegará, pero tarde; por lo que en lugar de salir a las ocho, será a las diez, pero para las doce... Y luego te esperan otras dos horas de metro, luego un pesero y luego podrás llegar a tu casa para hacer algo de comer, ir por tus hijas a la escuela, aguantarte el sueño para poder jugar un poco con ellas, revisar tareas, bañarlas... Y cuando termines, arreglar tu ropa, tu uniforme, porque mañana te toca trabajar. 

Ponte la pijama, ve tu cel, cualquier tontería es buena, quédate dormida, dale las buenas noches a tu mamá. No... Hoy no es día de intimidad, porque esa, desde hace tiempo no la hay. Mañana hay que levantarse antes de las seis, para arreglarte e irte a trabajar. No te preocupes, tu mamá llevará a la escuela a las niñas, come algo, agarra tu mochila, salte corriendo, porque no puedes llegar tarde otra vez. Espera la quincena... ¡Upps! Sólo alcanzó para la renta, las compras del super, para salir a pasear con las niñas y para comprarte una prenda íntima para ti.

Y así se repite la vida, de lunes a lunes, y mes a mes y de siempre a siempre.

Después de todo... la vida no está tan chida...

Y yo, que ni siquiera puedo llorar.



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