Loco
Loco de remate, sin salvación alguna. Divago solo por las noches
y le cuento a las estrellas mis penas. ¡Ah! Pero también mis alegrías más
recónditas, esas que se esconden en una esquinita del cerebro o de mi mente o
de mi alma, porque encontré la cucharita que desde hace meses estaba perdida o
porque creí que escribí el poema más bonito y sentido del mundo. Entonces cojo
el teclado de la compu y me pongo a redactar este correo, para asegurarles a
aquellos que sospechaban que yo estaba loco, que sí, que sí lo estoy y
contundentemente lo confirmo. ¿Por qué saben qué? la locura muchas veces no se
ve ni puede medirse, porque los que escribimos por lo general estamos locos y
sólo a veces regresamos a ser cuerdos.
Y si me leen, me va bien, y si no, pues que le hago,
que leer es una de esas libres decisiones, que ejercemos a diario; pero ahora
me voy, ya regresaré a escribir lo que me falta, que hay que ir a trabajar en
el puesto de lava lozas titular.
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