Sépanse que yo como escritor... Bien podría competir con los grandes
Sépanse que yo como escritor... Bien podría competir con los
grandes
Pues sí. Podría competir con los grandes de los folletines y de
las historias del corazón; porque me he pulido leyendo infinidad de esas
porquerías literarias que hacen ricos a esos prolíficos escritores de lápiz que
hacen una entrega de libro cada quince o treinta días.
Y podría, pero me aguanto las ganas de empezar un texto de esos
que derraman miel por sus orillas o una erótica que ofende a damas recatadas,
pero que en lo oscurito las prenden y emocionan.
Confieso que para salir de pobre y de jodido he estado a punto
de comenzar una de esas historias de pacotilla, para tener al menos jamón con
huevos dentro del refri y una botella de tinto o de blanco, esperando a que
llegue la musa, esa que nunca se aparece.
Lo he intentado, pero al final desisto en la página trece o en
la veintitrés, porque me emociono y termino de meterle violencia de más, o
pasión que escurre líquidos prohibidos por doquiera que se mire.
No sé si podré seguir aguantando, porque mi refri pide auxilio a
gritos y mi alacena me reclama, diciéndome que para qué sirve ser escritor si
no deja para meter en ella aunque sea unas bolsas de sopa y unas latas de
chiles.
Así que una tarde noche de éstas comienzo uno de esos libros
candentes, de todos contra todos, para que lo envíe a esas editoriales que
venden libros por millones, y si así me puedo hacer de unos pesitos, y con la
primera paga se me olvidará el pudor y el recato, aunque mi dignidad adquiera
otro sentido. Y… ¿Qué importa? Si con panza llena y el corazón contento, la
cuenta de mi banco irá de cero a millones; y ya con esa libertad financiera,
entonces me dedicaré de lleno a escribir un libro excelso que pueda competir
con esos de los grandes, esos que cada año les otorgan el Nobel.
Por lo pronto, antes de ese cambio, vuelvo a revisar por quinta
enésima vez mis tres libros que aún ninguna editorial me aprueba, para que a
fuerza de necedad, lo hagan, y llegue a ustedes como lluvia fresca, y una vez
que los publiquen, así gane poco o nada, me dé por satisfecho; y si no, pues me
iré a escribir hojas enteras, que se vendan por kilo, que para todo hay
lectores y para ese género, no hay pocos, hay millones.
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