¿Por qué cambiaste...?

¿Por qué cambiaste? ¿Por qué? Si mil veces te pregunté si íbamos bien y en todas contestaste que sí, que todo estaba ok y que no pedías ni necesitabas más.

Nuestra intimidad era por lo general buena, satisfactoria diría yo, para ti y para mí; y en ocasiones era algo muy especial, excepcional. 

Nos llevábamos bien, excelente diría otra vez yo. Yo te amaba y te procuraba, y creía que si tú no, al menos, me tenías un cariño especial.

Pero decidiste terminar. Así, sin más ni más, sin alguna explicación y sin que yo encontrase una razón. Y te alejaste, porque no te fuiste; porque yo sé donde estás y dónde te puedo encontrar. Pero te fuiste y si no has regresado, es porque no quieres que yo te vaya a buscar.

De modo que sólo me queda imaginar que esa relación que llenó mi vida por varios años, nunca existió. Y si no existió, entonces el dolor que siento de seguro no es real, y los recuerdos que guardo son historias de ficción.

El tiempo pasará y todo será como fue antes de que tú te cruzaras en mi camino y que yo cambiara el rumbo del tuyo. Ahora retomarás una nueva senda y yo me sentaré por un rato a esperar, para después retomar una ruta que será diferente a la llevaba cuando tú estabas aquí conmigo.

¡Vaya! Hasta hoy entendí cuánto que te amaba. Ya lo sabía, pero lo que no dimensionaba era cuánto, por eso no buscaba una definición ni una medida para este sentimiento. No, no es amor, me dije y así seguí, hasta que tu adiós me dejó entrever que el verdadero amor no tiene dimensión.

Te veo en una nueva vida, porque al parecer, en está, ya no.


 

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