Yo también tengo algo que decirte
Ven, porque yo
también tengo algo que decirte. Qué sé yo, un cuento, una historia; una mentira
creíble, pero inocente.
Tengo que decirte
que ésta no es mi primer vida, que ya llevo miles y que en cuarenta o en
setenta nos encontramos anteriormente; en varias sólo nos miramos y pasamos de
largo, en otras nos saludamos y charlamos un rato, y en tres o cuatro, incluso
vivimos juntos varios años y los disfrutamos. En unas éramos unos parias y como
mascotas tuvimos varios perros de la calle; en otras fuimos unos personajes
importantes muy encumbrados que esclavizamos a cientos o miles; ya no me
acuerdo, o ya no me quiero acordar, pero estoy convencido que no fue nuestra
culpa, porque eran los aires del tiempo y porque tuvimos que hacerlo. En otras
sólo fuimos unos números sueltos, sin ser pobres ni ricos, pero fuimos felices.
En muchas de esas
vidas yo te vi de lejos, y no sé por qué, pero siempre te identifiqué; y en
muchas te perdí por siglos, a pesar de que en cada vida me acordaba de ti;
quizás no estabas en el mismo continente.
Así que yo ya te
conozco y ya no hay secretos que a mí o que a ti te sorprendan, aunque parezca
que ahora hay cosas que los dos desconocemos.
Cierto, tu cuerpo
ha cambiado cada vez con los tiempos. En algunas vidas has sido alta, en otras
bajita, en unas extremadamente guapa y escultural, en unas de tez oscura y en
otras extremadamente blanca, también te vi varias veces de pelo rizado y muchas
más de pelo lacio; y aunque cambiabas, déjame decirte que de alma siempre eras
la misma, y era por esa alma que tenías yo te amaba.
Pero... ¡Vaya! Ven
y cuéntame lo que dijiste que tenías urgencia de decirme, que yo mostraré una
sorpresa genuina, como si de verdad nunca te hubiera visto, como si no te
conociera.
Comentarios
Publicar un comentario