¿Qué estás esperando, pequeña?

¿Qué estás esperando, pequeña?

Que el destino te de una madriza más y te ponga contra las cuerdas...

Porque si es eso... Vas por un buen camino y casi puedo asegurar que tendrás éxito. Un éxito que te costará caro, que te robará la poca tranquilidad de la que gozas y evaporará los escasos recursos que tienes a tu alcance; porque la salud es un bien preciado, y para alguien como tú que adolece de una de esas enfermedades que requieren de atención y mucho cuidado, el menor descuido la empeora y a veces los cambios no son reversibles.

Así que...

Qué estás esperando para ponerte las pilas y aplicarte a una dieta rigurosa y a una rutina de ejercicio, si no extremo, si constante y agotador de vez en cuando...

Porque uno es lo que come y lo que saca, así sean desechos, sudor o lágrimas. Y si eso es verdad para la mayoría de la gente, donde el que quiere le hace caso al dicho y vive sano y sin excesos; y el que no, no se pone límites y con el tiempo se vuelve una bola que casi rueda, y se atiene a las consecuencias con los años...

Para ti, simplemente, no hay alternativa. O lo haces y te aplicas, o acortas tu vida significativamente.

Toma el consejo de alguien que te quiere, que te estima y que por ti se preocupa, porque reclamarte cuando sea muy tarde de nada servirá y no tendré el corazón para hacerlo, sólo quedará atenerte a las consecuencias y en paliar el estado de salud en que te encuentres; porque algunas enfermedades, una vez que avanzan, como dije, lo más probable es que no tengan vuelta.

De modo que lo mucho o poco que hagas, es bueno; pero poco no será suficiente, y mucho, nunca estará de más, y te dará años adicionales de vida, que si mantienes hábitos sanos, podrás rebasar a cualquiera que no los tenga; años que siempre te servirán para vivir bien la vida, porque hay quienes dependen de ti en todo, y hay quienes que aunque no dependemos completamente de ti, sí tomamos una parte tuya al convivir contigo, y por eso te queremos, si no es que te amamos.

Por eso mismo, queremos verte sana, sin dolencias, sin viajes constantes a los hospitales; porque eso no es vida; o si lo es, no será algo que se disfrute o agrade, pudiendo emplear todo ese tiempo en disfrutarlo con tu familia y con quien te quiere.

Sólo da un golpe de timón para dirigir tu navío por mejores aguas, más calmadas y tranquilas. No te costará mucho, sólo necesitas decir:

Eso, no lo quiero para mi vida.


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