Alguien se está pirateando mis libros... Jejeje
Reviso mi nombre en el internet. O sea, me autogoggleo.
¡Ah, caray!
Alguien se está pirateando mis dos libros que publiqué hace más de veinte años.
Para Nadie, un hermoso libro de poemas y El Hombre Puede Volar, una historia
casi inverosímil.
El primero,
Para Nadie, lo encuentro en venta, usado, en Mercado Libre, por $150 pesitos mexicanos. No me enojo, porque el poseedor es libre de vender su ejemplar...
Pero, ay... ¡Sí dolió! El segundo, El Hombre Puede Volar, está de venta en
España en 7.5 euros. Me parece que lo vende la filial de la editorial Plaza y
Valdés.
Pero...
Aclaro que yo nunca recibí ni un centavo por regalías de esos dos libros; los
que, al menos, pude ver en venta en todos los restaurantes Sanborns y en la
afamadas librerías Gandhi y El Sótano de esta ciudad capital.
¿Qué si me
importa que se vendan ahora? Pues no. ¿Qué si me importa que no reciba ni cinco
centavos de regalías? También, no.
Sólo quiero
que mis letras encuentren un corazón desolado y que le traigan tranquilidad y
paz; y con eso me conformo. Pero sí diré que me da gusto y felicidad que
todavía alguien se acuerde de ese Paco Viveros de hace más de veinte años, el
que ilusionado creía que un día se convertiría en un escritor cañon. Digo, ahí
la llevo, pero todavía no lo soy.
¿Qué si he
madurado como escritor? Quizás sí, quizás no... Porque el sentimiento siempre
está. Y quizás antes era más genuino y fresco. Como salía... ¡Va! Ahora con los
años, todo lo repienso y lo modulo, lo restrinjo, lo atempero y... pues, ya no
es igual.
Sólo el sueño
queda. ¿Llegaré a ser un escritor que venda cientos de miles de libros? No lo
sé. Quizás sí, probablemente no. Pero eso sí, yo sigo de necio escribiendo. No
importa que me lean poco; pero si me entero que alguien por ahí deja caer su
vista sobre mis letras, me pongo alegre, alegre como perrito callejero al que
le dan su pan.

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