Niña mujer... ¿O mujer niña?

Porque a tus veintiocho no eres más que una niña mujer o una mujer niña; adulta a fuerzas, porque el hombre que tú amabas o amaste, desapareció un día, dejándote tres lindas niñas de seis, ocho y diez

¡Ah, maldito canalla desalmado! Se fue a vivir otra vida, a engañar a otra, olvidándose de ti y de sus y de tus niñas; y te dejó la responsabilidad de ver qué comían, de qué vivían, qué vestían, y dónde dormían; y de todo tú te hiciste responsable y también de tu mamá que las cuida mientras trabajas, sin huir ni escapar de esa tarea y afrontarla cada día, con ánimo, sin desesperanza y siempre echada para adelante.

Y no te importa que el trabajo te quede a una hora cuarenta de trayecto, de ida y otro tanto de vuelta, entre camiones, peseros y pasos acelerados para no llegar tarde o para estar más tiempo con tus pequeñas; trabajando 24 x 24 que a veces se vuelven 48 o hasta 72 horas corridas, haciendo tres turnos, porque el compañero se enfermó y porque tú necesitas la chamba, si no en la casa qué comen.

Y así sigue la vida cada día y cada fin de semana, que a veces no los hay, porque te tocó doble turno y no viste a tus niñas que tienen una mamá a la que no ven y extrañan.

Y yo aquí, despedazándome por tonterías, un simple texto que no me cuadra, por un poema intrascendente que no rima, sentado en mi mullido sofá, lápiz y goma en mano, sin apresurarme si es que llega o no la musa; porque si se dilata o no viene, yo dormiré conchudamente la mona, mientras tú te partes en pedacitos para ser mamá, proveedora y empleada responsable, robándole horas al sueño y minutos a la vida.

¡Qué vergüenza me haces pasar! Pero me la aguanto... Y de lejos te admiro y te respeto, y pensando en ti regreso a escribir ese poema tonto que no rima.

Con cariño... Para Alondra.

P.D.  Ya qué decir si por fuera eres preciosa, porque por dentro... Eres una joya.


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